Un archivo del proceso creativo;
dibujos, ideas, referencias y otras cosas que terminan sobre mi escritorio.


octubre 2026.

María me ha dibujado,
y yo me percibo en partes.
Últimamente me percibo en
fragmentos.
En pedazos de un no sé qué,
que al parecer forma algo aún más grande.
«El todo es más que la suma de sus partes»,
dijo alguien en algún momento.
Pero no dejo de sentirme
destripada,
desmembraba,
desmenuzada,
deshilada,
desdichada y
deshidratada.
Descompuesta, deshecha, desnuda.
Las palabas que empiezan con «des»
son infinitas.
Descubierta, desorientada, desolada,
y también despierta.
A media noche, muy,
extremadamente,
despierta.


septiembre 2026.

Tengo como un año marinando en mi cabeza una trilogía. Lo sé: ¿yo? ¿Una trilogía? Sería un compromiso de unos 3–5 años (incluso más), definitivamente la relación más formal que he tenido en mi vida.

Sin hacer mucho spoiler, parto de la premisa de un México distópico, un retelling histórico de mi país y su mal de archivo. La distopía, en realidad, sería más bien el dispositivo formal desde el que quiero mirar ciertas cosas de México: su historia, sus mecanismos de memoria, sus ausencias y las formas en que hemos aprendido a convivir con determinadas violencias. Y parece chiste anunciarlo como “México distópico”. ¿No es acaso este un país suficientemente distópico ya?

Las fechas patrias han removido en mí este proyecto que apenas existe como un par de apuntes, uno que otro dibujo, una que otra escaleta y muchas ideas revueltas. Ahora, más que nunca, toda esta idea me parece ridícula, absurda y, si tengo suerte y doy en el clavo, quizá genial.

México mágico: el país que, por excelencia, es surreal. Y creo que efectivamente es cierto. Pero ¿por qué? En lo absurdo hemos encontrado, quizás, un mecanismo de defensa nacional. La Chona, los desaparecidos, el payaso de rodeo, las balaceras, el Dr. Simi, los feminicidios, un esquite y una sobredosis. Esta continua danza entre polaridades que se diluyen en sus extremos: la celebración y la alegría por un lado, la devastación y la injusticia por otro.

Y quizá eso es parte de lo que quiero explorar: qué pasa cuando una sociedad aprende a celebrar dentro de la violencia, cuando el humor, la fiesta o el absurdo se convierten en maneras de hacer soportable aquello que, de otro modo, sería insoportable. No me interesa tanto señalar el absurdo como una particularidad pintoresca de México, sino intentar desarmar qué hay detrás de él y qué cosas puede llegar a ocultar, normalizar o incluso sostener.

Esta es una línea muy delgada que tengo que aprender a caminar y, seguramente, mientras la trazo haré rayones ridículos. Pero espero llegar al absurdo; bueno, más bien, desmantelarlo, deshebrarlo, desenmarañarlo. Separar ambos polos que continúan encimándose, contaminándose y sosteniéndose en la materia del otro para poder soportarlos.

Terapia. Quiero hacerle terapia a ese mecanismo cultural. Porque si todo se vuelve surrealista, grotesco, poético o ridículo, existe el peligro de que la forma termine suavizando aquello que estás intentando señalar. Quiero hacer terapia para que este mecanismo deje de ser apologético. A veces las cosas tienen que nombrarse por lo que son.

Ah… y mientras tanto, evitar ser moralista. Porque no, no soy nadie para dar recetas ni instructivos.


septiembre 2026.

Quiero escribir una obra de teatro. Quiero escribir una obra de teatro donde los personajes sean gatos. Quiero escribir una obra de teatro donde los personajes sean gatos muertos. Cadáveres como esos que te encuentras en la calle. Últimamente veo muchos.

Quizá entré en el círculo semántico de “gatos muertos”, pues ahora los veo en cada esquina. He estado tentada a tomarles fotos, pero eso no estaría bien. Los cuerpos merecen respeto, más los cuerpos gatunos.

Así que, a falta de una imagen fotográfica, he aquí mi intento ilustrativo de un gato muerto..


agosto 2026.

People everywhere,
people being people,
people pretending to be people,
People performing, acting, walking all around the world,
thinking the know what they are doing.
Choosing.
“Choosing”.
Choice.
Do we even have a choice?
Was it a choice to be here?
To be this?
Who the hell decided to be “people”?



abril 2026

se dice que en texas
vive desdichado
un ajolote,
fruto de
una redada
un amor clandestino
y una casa tronada…


abril 2026

extrañarte no tiene sentido.
la lógica no habita,
la razón se queda atrás,
y las palabras se vuelven
absurdas
ridículas
tontas
cuando de ti se trata.